(Ya era hora de un clásico, ¿no?)
«Nada, por lo demás, era merecedor del más liviano esfuerzo: todo mentía. Bajo la sonrisa se oculta el bostezo de aburrimiento; la maldición, bajo la alegría; el hastío bajo el placer, y los más sabrosos besos sólo dejan en la boca el irrealizable anhelo de una más alquitarada voluptuosidad»
(Nota: tuve que buscar en la RAE la definición de alquitarar. Ignorante que es una).
Ki tuvo a bien regalarme Madame Bovary, la más famosa obra literaria de Gustave Flaubert, a sabiendas de que en el fondo soy una gafapasta literaria a pesar de mis tendencias frikis, suelo disfrutar mucho leyendo a los clásicos salvo la primera parte de El Quijote, con la cual nunca he podido. Aunque la traducción es anticuada y tiene algunos errores tipográficos, por no hablar de la manía de hispanizar los nombres, en general he disfrutado mucho con la lectura porque sí, soy una gafapasta, qué pasa.
La novela está dividida en tres partes, que parcialmente se corresponden con los tres segmentos clásicos de la composición de una novela (planteamiento, nudo y desenlace). Aunque, francamente, las tres partes están tan bien desarrolladas, que cada una podría ser una novela por sí misma, obviando, claro está, que las dos primeras partes no tendrían un final cerrado. La construcción de los personajes es magnífica, y la historia central, si bien ambientada en su época, es una de esas historias atemporales que pueden servir como núcleo de cualquier historia ambientada en cualquier época. De hecho, el argumento es bastante arquetípico. Pero está tan bien conducido, y hay tantos detalles a los que prestar atención, que la historia se convierte en mucho más que la simple narración de la búsqueda de la felicidad.
Ki me ha hecho prometer que no voy a irme de la lengua en la reseña, ya que se quiere leer el libro. Por lo que intentaré no pasarme con el resumen. Así que de paso recomiendo que, quien encuentre la edición de la editorial Alba (la que tengo yo; el resto de ediciones, ni idea), se abstenga de leer el prólogo. Destripa toda la historia. Menos mal que soy de las que se leen el prólogo a posteriori debido precisamente a que tienen la tendencia de desvelar los finales.
No voy a contar nada sobre la historia, salvo que se centra en las correrías de la hermosa, refinada y culta Emma Bovary, segunda esposa del rústico y anodino médico provinciano Charles Bovary, y de cómo ésta trata de encontrar la felicidad en un entorno en el que todo, incluyendo el matrimonio y la maternidad, le parece insulso y vacío de significado. De hecho, ambos personajes son como las caras opuestas de una misma moneda: mientras Emma es una mujer infantil, refinada, con gusto por las artes, con inteligencia y con grandes ambiciones, Charles es un tipo ya hecho a la vida, tosco, bastante malo en casi todo (incluyendo su profesión como médico), torpe para aprender y que se conforma con muy poquito. Flaubert critica a través de ellos, junto con otros personajes secundarios, a la sociedad burguesa decimonónica en que vivió: egoísta, pagada de sí misma, clasista y, en el fondo, profundamente insatisfecha y vacía.
Si Emma hubiera sido hombre, hubiera podido aprovechar todo aquello que sí se puso al alcance de Charles y que éste no estuvo jamás capacitado para asimilar (ni tampoco es que Charles tuviera ganas). Pero ella era mujer, y por tanto, condenada a ser poco más que esposa y madre. Además, la excesivamente romántica visión de la vida que tiene Emma hace que ésta no sea capaz de asimilar que las novelas y la vida real no son un mismo escenario. En definitiva, Emma ha sido educada por una parte como una mujer de entonces, y por otra parte con cierta libertad para disfrutar, hasta cierto punto, de determinados privilegios hasta entonces exclusivos de los hombres, para de golpe acabar viviendo en una provincia donde se espera de ella que se comporte como una mujer de la época: dirigiendo la casa, con los hijos, y zurciendo calcetines. Sin embargo, Emma, que en realidad nunca no ha visto mundo (se ha criado en un convento), ha leído muchas novelas románticas y tiene una visión distorsionada de la realidad, por lo que aspira a mucho más; aspira a ser como una heroína de sus novelas, y sus días transcurren vacíos.
Sin embargo, Charles representa justo el otro lado de la moneda: el campesino que llega hasta el nivel de la burguesía, y que con eso ya se conforma. Basta con conseguir dinero para mantenerse en el estatus social deseado, y a partir de ahí tratar de vivir sencillamente, sin aspirar a más y sin esforzarse en nada. Es el representante del tipo bobalicón que consigue ascender mediante un primer matrimonio astutamente concertado por sus padres y gracias a su buena memoria (se hace médico porque es capaz de aprenderse de memoria como un papagayo los temarios, no porque realmente haya aprendido nada), pero que es incapaz de analizar lo que hay a su alrededor y de darse cuenta de que no se pueden dejar los asuntos propios, sobre todo los más importantes, en manos ajenas. Aunque Charles es un devoto esposo y un hombre enamoradísimo de su mujer y su hijita, en el fondo su vida está tan vacía de significado como la de Emma.
Hay, sin embargo, más personajes importantes en la novela, como por ejemplo uno cuyo nombre no voy a revelar porque es más interesante descubrir sus motivaciones y sus intenciones a lo largo de la historia; pero sí diré que se trata de un personaje bastante destacado entre los secundarios. Es un tipo que, a día de hoy, calificaríamos como el trepa. Un hombre sin escrúpulos que de frente muestra su mejor cara, sólo para que la gente se confíe al darle la espalda y así poder apuñalarles limpia y cómodamente sin tener que forcejear. Un personaje desagradable a la par que interesante.
En resumen, creo que es una historia francamente recomendable. Y para el que no quiera perder el tiempo buscando en librerías y bibliotecas, un regalito: el texto completo de Madame Bovary, en español, está disponible en este enlace de Wikisource.







antares
24 mar 2009 | 09:32 AM
Qué bien vendes los libros, mujer. Es una novela que nunca se me hubiera ocurrido leer. Es de esas que sabes que están ahí, pero siempre te decides por otras.
Gracias por el consejo.
agente_naranja
24 mar 2009 | 09:58 AM
¿Que los vendo bien? ¡Tomen nota, personal de RRHH de Casa del Libro! xDDD
No sé, me parece que es una historia que merece la pena. Yo tampoco esperaba de ella lo que me encontré, pero oye, ha sido una sorpresa mayúscula. A veces resulta que las grandes obras literarias lo son por algo y no porque un gafapasta ha decidido que quiere parecer culto ensalzándolas ^^
muzaraque
24 mar 2009 | 09:18 PM
¿quien coño va a conocer alquitarar?, es una palabra de origen árabe, yo de esas casi no me se, que mi vocabulario se engendró al norte del paralelo 43